sábado, 11 de febrero de 2017






LA MANTIS RELIGIOSA


- Letrado, no me ilustre usted con las leyes españolas y cíñase a los hechos.- bramó el enjuto y temido juez de lo social dos, con voz de film norteamericano.

La sala respiró hondo al oído de su ineludible mandato, y la crispación del ambiente nos la acabamos comiendo la resudada toga, que me había agenciado esa mañana del armario de togas, y yo.

El abogado de la parte contraria adquirió entonces una sonrisa hiriente y descastada,  que yo conocía tan bien, mientras se colocaba detrás de la oreja un díscolo mechón de un cabello suave como la seda, que yo conocía tan bien, y mientras ojeaba su papel de alegaciones con esos ojos de un azul tan intenso y profundo como el océano, que yo conocía tan bien, y cruzaba su largas y bien torneadas piernas, invisibles  bajo su toga, pero  que yo conocía tan bien...

Repentinamente y en su turno de palabra, insertó su mar intenso en mis ojos, ya casi bizcos a estas alturas del pleito. Fue entonces cuando pude inhalar sus feromonas de hembra en celo, y observar cómo se transformaba en una mantis religiosa de  color verde intenso.


Pero, ya era tarde…

©Concha González
Imagen de la red